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Tucson
Tucson, en el estado Norteamericano de Arizona, siempre ha gozado de una excelente reputación como destino de vacaciones, y es más popular cada año. La principal razón de esta popularidad es el clima privilegiado. Incluso en los meses de invierno las temperaturas promedio durante el día permanecen entre los 15 y 20 º C, con lluvias casi inexistentes.
Es así como el abundante sol, las temperaturas cálidas y la ausencia de lluvias se combinan para crear un destino vacacional para el cual es fácil empacar y que favorece al máximo las actividades al aire libre, ya que puedes planificarlas tranquilamente, sin temor de que se arruinen por un día lluvioso.
Otra razón evidente por la que Tucson es considerado un gran destino turístico es su extraordinaria geografía, que combina cadenas montañosas, desiertos y diversos paisajes que se pueden apreciar en su geología, flora y ecosistemas en general con solo viajar unos pocos minutos por la carretera, ofreciendo vistas panorámicas de algunos de los más impresionantes paisajes de Estados Unidos.
Llegué a Tucson cubierta del polvo del desierto directo a refrescarme en el Tubac Golf Resort un impresionante hotel que parece un rancho del lejano oeste en su vista exterior, mientras que su atención y servicios se equiparan a los de un crucero de lujo. Con el mejor campo de golf de la zona, piscina, sauna, spa y múltiples actividades – avistamiento de aves, tenis, mountain bike y cabalgatas, por solo mencionar algunas – fue realmente un placer alojarnos allí.
Tucson, además de su clima seco y hermosos paisajes, es el hogar de maravillosas atracciones como el Museo del Desierto de Sonora, el primer lugar que visité y donde se exhiben animales del desierto en su hábitat natural. Está situado a cerca de una hora y media del área metropolitana de Tucson y, además de ofrecer una experiencia única, puedes disfrutar de las impresionantes vistas de las cordilleras circundantes.
Un lugar ideal para acampar o simplemente deleitarse con un picnic es el Parque Estatal Catalina, situado a unos 12 kilómetros al norte de Arizona, por la autopista 77. Este parque es hogar de aves exóticas, serpientes y lagartos, y además de la vida silvestre nativa encontrarás la aldea Hohokam, que tiene fama de pertenecer a la tribu de indios más antigua de Norteamérica.
Y, por supuesto, no puedes dejar Tucson sin visitar el Museo del Aire de Pima, dedicado a la preservación de la historia de las comunicaciones y la aviación militar. Este museo abrió sus puertas en 1976 con poco más de 70 aviones, pero desde entonces ha crecido a más de 250. Recientemente ha añadido el mundialmente famoso F-5B, una verdadera belleza de la ingeniería moderna que seguro querrás presumir ante tus amigos de haberlo contemplado.
Como todo buen turista, no quise perderme por nada del mundo la bien merecida reputación de la cocina mexicana de Sonora. Al llegar al lado este, donde se encuentran la mayoría de los restaurantes, te garantizo que no sabrás por dónde empezar y te descubrirás sorprendido por la excelente calidad de su cocina.
Si quieres probar algo realmente extraordinario y fuera de lo común, el galardonado Café Poca Cosa será una visita obligada. Con un menú bilingüe en español e inglés, descubrirás rápidamente por qué está escrito en una pizarra: es que el menú cambia dos veces al día. Prueba la recomendación del chef y descubre una región de México en cada uno de sus recién preparados, innovadores y bellamente presentados platos.
El atardecer es el momento ideal para visitar el observatorio Nacional de Kitt Peak, que gracias a los cielos despejados durante la mayor parte del año es uno de los observatorios más grandes del mundo y donde podrás disfrutar de una de las vistas del espacio más bellas del planeta. Simplemente no debes perdertelo!
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